El gobierno provincial, a través de su Ministra, sale a vanagloriarse de los resultados de su gestión sobre la reducción de nuestro «ausentismo», y de la inversión en infraestructura.

Son dos obligaciones que tiene el Gobierno, una es el control sin afectación de derechos y la otra es garantizar condiciones materiales para que se desarrolle el proceso de enseñanza y aprendizaje, sobre lo que aún falta y mucho.

Ahora es el momento de hablar de los salarios.

El salario docente es el reconocimiento de la sociedad a quienes desarrollamos

la irremplazable tarea de enseñar.

A los maestrxs y profesorexs nos exigen formación inicial (cuatro años de carrera), formación permanente (para actualizarnos ante los cambios tecnológicos, pedagógicos y sociales) e ingreso y ascenso por concurso público, cuidado de los niñxs, jóvenes y adultxs) que están bajo nuestra custodia, dedicación, planificación, evaluación e involucramiento en las diversas realidades de nuestros estudiantes.

Sin embargo, a la hora de hablar de nuestros salarios surgen todas las críticas.

No alcanza con difundir que nuestros salarios son los más altos de la Argentina, cuando los salarios docentes en las otras provincias se desplomaron por el brutal ajuste a la inversión educativa del gobierno nacional y en nuestra provincia los costos de vida se disparan al ritmo de las cuantiosas ganancias de la actividad petrolera que queda en pocas manos.

Por eso, vamos a ser claros desde el inicio:

valoramos los acuerdos logrados hasta el momento en el contexto general antes descripto. No obstante, desde nuestra organización creemos que es momento y la oportunidad está dada, para discutir un salario acorde a la realidad económica de la provincia producto de los recursos provenientes de Vaca Muerta.

Es la hora del salario de los y las trabajadoras de la educación, sin educación, no hay futuro posible.

Fany Mansilla

Secretaria General de Aten